jueves, 21 de abril de 2011

¿Sirve nuestra acción o sólo tenemos poder en la teoría?

Más de 100.000 ciudadanos piden listas electorales sin imputados

Activistas de Avaaz recorren Madrid para protestar contra la "plaga de la corrupción"


Muro móvil 'anti-corrupción' con el que los miembros de Avaaz han recorrido hoy las calles de la capital.

Muro móvil "anti-corrupción" con el que los miembros de Avaaz han recorrido hoy las calles de la capital.EFE

"¡Vale ya de contaminar la política!" o "¡Listas limpias!" son algunos de los mensajes que los ciudadanos han plasmado en el muro móvil de la plataforma Avaaz.org que ha recorrido desde esta mañana varios puntos de la capital, desde Ciudad Universitaria hasta las sedes del PP, en la calle Génova, y del PSOE, en la calle Ferraz.
El recorrido ha acabado frente al Congreso de los Diputados, donde varios activistas han realizado un flashmob o acción organizada de varias personas que se reúnen de repente en un lugar público para realizar algo inusual tras lo que se dispersan rápidamente. Mediante esta práctica, una docena de colaboradores de la plataforma han simulado la"indignación de los ciudadanos ante la inacción de los políticos frente a la plaga de la corrupción" representando una limpieza de políticos corruptos.
Además, la plataforma ha hecho una entrega simbólica de las 101.352 firmas que han recogido contra la inclusión de candidatos imputados por delitos de corrupción en las listas electorales. Desde hace varios meses, esta plataforma ciudadana está llevando a cabo una campaña que pretende mostrar lo "harta" que está la ciudadanía de ver como la corrupción sigue siendo "intocable", ha afirmado Luis Morago, director del colectivo.
"Ocho de cada diez españoles piensa que los partidos son corruptos o muy corruptos" 
"Es el momento que tenemos para hacer presión y para que los partidos retiren a los candidatos imputados de las listas electorales. Queremos que sepan que si no lo hacen no van a contar con nuestro voto", ha explicado Adán de Salas, colaborador de la plataforma.
El líder de Equo, Juantxo López de Uralde, así como el número dos de UPyD a la Comunidad de Madrid, Ramón Marcos, han secundado la acción dejando en el muro móvil sendos mensajes en contra de la inclusión de imputados en las listas electorales de los comicios del próximo 22 de mayo.
Según la plataforma, "el año 2010 se cerró con más de 700 investigaciones judiciales sobre casos de corrupción en España, implicando a miles de funcionarios y cargos públicos", lo que ha llevado a que "ocho de cada diez españoles piense que los partidos son corruptos o muy corruptos", informa Efe.


En el momento de publicar esta entrada, Avaaz.org que sigue con la acción, aumentaba el número de firmas a 105.952. Sin embargo, son muchos los imputados que todavía siguen en las listas electorales de los partidos políticos de nuestro país. Es lógico que la gente pierda la fe en la democracia y en la política de este país. Quizás como en una antigua entrada se decía, los modernos comprendan la libertad como la garantía de unas libertades y derechos individuales mientras que los antiguos comprendían su libertad como el poder actuar en los asuntos públicos y ejercer un poder en la esfera pública; pero si analizamos la política actual de nuestro país, no es de extrañar que los ciudadanos hayan perdido toda su esperanza en que su acción pública, su poder político es ejercido en la práctica. Si nuestro poder, nuestra soberanía, es la libertad de poder elegir a nuestros representantes políticos para que actúen por nosotros y en los partidos políticos entre los que elegimos nuestros representantes están imputados por corrupción y otras causas, ¿cómo vamos a ejercer nuestro poder, nuestra libertad? Sobre todo teniendo en cuenta que aunque los ciudadanos se unan en acciones como las llevadas a cabo por Avaaz.org, siguen sin ser odios.

miércoles, 13 de abril de 2011

NOTICIA SOBRE EL DETERMINISMO Y EL INDETERMINISMO

TRIBUNA: JUAN ANTONIO YAÑEZ-BARNUEVO
Libia y la primavera árabe
JUAN ANTONIO YAÑEZ-BARNUEVO 24/03/2011


La iniciativa adoptada por una coalición de países árabes y occidentales, incluyendo España, para resolver la crisis en Libia, en ejecución de las resoluciones 1970 y 1973 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, ha de inscribirse en el marco de los acontecimientos que tienen lugar en la ribera sur del Mediterráneo. Cierto, era suficiente para justificar dicha intervención, basada en un mandato expreso de Naciones Unidas, el imperativo humanitario de frenar los ataques del régimen libio sobre su propia población.
La acción en Libia se sitúa en el contexto de una revolución democrática árabe que hay que sostener
También de los españoles se decía que jamás podríamos vivir en paz y democracia
Ahora bien, incluso más allá de la razón ética, reflejada en el principio de la "responsabilidad de proteger", la reacción de la comunidad internacional ha de entenderse, para cobrar pleno sentido, en un contexto más amplio. De no haber decidido frenar a tiempo la represión ejercida por el régimen del coronel Gadafi, se corría el riesgo de que la todavía frágil "primavera árabe" quedara condicionada, puede que fatalmente, por la prolongación de un estado de virtual guerra civil en Libia, con sus resonancias en la región. La plena comprensión de lo que estamos viendo en ese país requiere, por tanto, que hagamos un breve ejercicio de memoria y de analogía histórica.
Hay que recordar que, desde finales del año pasado, en varios países árabes, una serie de protestas populares causadas, en la mayoría de los casos, por el agravamiento de las condiciones económicas y sociales ha ido derivando hacia manifestaciones de contenido político. En Túnez y Egipto, las protestas provocaron la caída de los respectivos regímenes. Ambos países han iniciado procesos de transición democrática que se están desarrollando de forma, por lo general, pacífica y ordenada, como lo demuestra el referéndum de reforma constitucional que acaba de celebrarse en Egipto. Situaciones dispares se producen también en otros países árabes como Bahréin, Irak, Jordania, Siria, Yemen, Palestina (tanto en Cisjordania como en Gaza), Omán, Yibuti, Argelia y Marruecos.
Cada caso tiene su propia especificidad. En algunos supuestos nos encontramos ante regímenes autoritarios, con escasas libertades públicas. En los casos de Bahréin y Yemen, donde ya se han producido episodios de violencia y, en el primero, una intervención extranjera, existen graves riesgos de fractura social y política. En otros países, como Jordania, Argelia o Marruecos, llevan tiempo avanzando por el camino pacífico de las reformas, que ahora podrían profundizarse e intensificarse. Se trata, por tanto, de procesos de cambio que se mueven de diversa manera y a distintos ritmos, pero que en su conjunto, y en perspectiva histórica, contradicen muchos lugares comunes sobre los que en Occidente se había asentado la imagen de nuestros vecinos meridionales.
Lo que está ocurriendo en muchas partes del mundo árabe nos trae inevitablemente a la memoria lo sucedido en Europa Central y Oriental hace casi un cuarto de siglo. Cuando cayeron los regímenes entonces bajo el dominio de Moscú y, finalmente, se produjo la desintegración de la propia Unión Soviética, muchos analistas hablaron de un imprevisto proceso de aceleración de la historia. Al cabo, hubo un intento por situar aquellas revoluciones dentro de un ciclo más amplio de democratización; ciclo del que habrían formado parte los cambios políticos iniciados en la década de los setenta en Grecia, Portugal y España y, ya en la década de los ochenta, en determinados países de América Latina y de Asia- Pacífico.
Transcurridas dos décadas de los acontecimientos en el antiguo bloque soviético, en Occidente prevalecía la idea de que el mundo árabe -y, en general, el conjunto de las sociedades islámicas- era sinónimo de inmovilismo y que, de cambiar, lo haría dirigiéndose hacia el pasado, no hacia el futuro; hacia el oscurantismo, no hacia las luces de la Ilustración. Se consideraba que, entre el autoritarismo nacionalista y el islamismo extremista, en el sur del Mediterráneo no había espacio para otras vías y, sobre todo, para la expresión de una voluntad popular plural. Parecía ser el corolario de estas reflexiones que los países árabes debieran permanecer en ese estado de inanimada suspensión al que nos habíamos acostumbrado y con el que, hemos de reconocer, habíamos llegado desde Occidente a sentirnos demasiado cómodos.
Pues bien, todos estos lugares comunes han quedado obsoletos en cuestión de semanas. Bastó el gesto trágico de un joven tunecino para que estallara la chispa que ha conducido en algunos países árabes a las primeras revoluciones democráticas desde sus procesos de independencia. Son revoluciones y no revueltas porque, al menos en sus orígenes, están orientadas hacia el futuro, no hacia el pasado. Y son democráticas porque han surgido del pueblo. Han sido los hombres y las mujeres de estos países, muchos de ellos jóvenes, los que han salido a las plazas, a las calles y a los mercados para gritar sus ansias de cambio y desafiar a los poderes establecidos. Lo han hecho con la ayuda de las redes sociales y de medios como Internet, pero ello no ha sido lo esencial. La pulsión primera de los participantes en estos movimientos es política y, sobre todo, ética: el deseo de recobrar la dignidad y la voluntad de tomar en las propias manos un presente y un futuro que les habían sido escamoteados, convirtiéndoles en súbditos antes de tener la oportunidad de ser plenamente ciudadanos.
Muchas veces en Occidente hemos tenido miedo de la mítica "calle árabe". Pues bien, esa amenazante "calle árabe" se está transformando en una prometedora ágora, un espacio público donde se pueden estar construyendo unos sistemas más participativos que ojalá desemboquen en unas democracias adaptadas a las características de cada país.
Dados los múltiples vínculos que nos unen, España y la Unión Europea hemos de estar dispuestos a apoyar y acompañar este proceso de cambios, sin traspasar los límites de la injerencia no bienvenida, con el convencimiento de que nos encontramos ante la perspectiva de un renacimiento árabe que puede, a término, redundar en beneficio tanto de una renovada asociación euromediterránea como incluso del proceso de paz en Oriente Próximo.
En España sabemos que las transiciones son momentos críticos en la vida de los pueblos. En ellas, nada está escrito. Quienes vivimos los primeros dolores de parto de la transición recordamos las voces de los agoreros que, desde dentro y desde fuera, nos repetían que los españoles carecíamos de las características o tradiciones necesarias para ser capaces de convivir en paz y democracia.
Treinta años más tarde, los españoles seguimos demostrando que es posible superar cualquier intento de imponer el determinismo histórico sobre los pueblos. Es el mejor ejemplo que podemos ofrecer no solo a los ciudadanos libios, sino a todos cuantos hoy en el mundo árabe se debaten entre el miedo al cambio, la incertidumbre y, sobre todo, la esperanza.
Juan Antonio Yáñez-Barnuevo es secretario de Estado de Asuntos Exteriores e Iberoamérica.


Es un artículo de opinión en el que se refleja el indeterminismo. El autor expone que si apoyamos el determinismo las revoluciones de los países árabes no se hubieran podido llevar a cabo, pues con la visión de lo ocurrido con la Antigua Unión Soviética, que luego se intentó situar en un ciclo de democratización encabezado por los procesos de cambio de España, Portugal y Grecia (años 70) y América Latina y Asia-Pacífico (años 80); se pensaba que el mundo árabe era sinónimo de inmovilismo y que, de cambiar, lo haría dirigiéndose hacia el pasado, no hacia el futuro. Con estas revoluciones se demuestra que es posible superar cualquier tipo de determinismo histórico, como el que se trató de imponer a España cuando sus agoreros, aquellos que se situaban en el ágora, repetían que los españoles no podían convivir en paz y democracia porque no poseían las características necesarias.


Fuente:

NOTICIA: Confusión entre lo público y lo privado

Confusión entre lo público y lo privado

MANUEL NÚÑEZ ENCABO 04/04/2011

La nueva Ley General Audiovisual mantiene la naturaleza jurídica de los medios de titularidad pública como servicios públicos esenciales. Por el contrario, establece un cambio radical en relación con la naturaleza y funciones de las televisiones privadas. Se deroga la Ley de Televisión Privada y se las desvincula de toda relación, incluso indirecta, de servicios públicos, ya que ahora adquieren la nueva naturaleza jurídica de medios de interés económico general. Consecuentemente, las distintas obligaciones de los medios públicos para la emisión de información electoral gratuita que responda a los principios de pluralismo, igualdad, proporcionalidad y neutralidad informativa, a diferencia de los medios privados, se justificaría por la distinta naturaleza jurídica de los mismos. Partiendo del artículo 20.3 de la Constitución, "se debe garantizar el acceso a los medios públicos de los grupos sociales y políticos significativos, respetando el pluralismo de la sociedad y las diversas lenguas de España".

Consecuentemente, en las campañas electorales, para hacer posible el servicio público esencial sería coherente asegurar la información imprescindible para garantizar el derecho constitucional del artículo 23.1 de la Constitución a fin de que "los ciudadanos puedan participar directamente o por medio de representantes libremente elegidos en elecciones periódicas".

Por el contrario, a los medios privados les afecta únicamente en relación a la emisión de contenidos informativos, el requisito de veracidad y los límites en el cumplimiento de sus obligaciones, concretados en la no vulneración de los derechos fundamentales de las personas, lo que se deriva del artículo 20.4 de la Constitución. En el artículo 4 de la nueva Ley Audiovisual se señala que los medios deben reflejar el pluralismo ideológico, político y cultural de la sociedad. Pero al contrario del nuevo artículo 66.2 de la reformada Ley General Electoral, los medios privados lo deberían realizar, no desde la neutralidad informativa, sino desde la libertad de información constitucional, sin la imposición de espacios informativos gratuitos, iguales proporcionalmente para todos propios de la propaganda electoral. El artículo 10 de la nueva Ley Audiovisual amplía la libertad de información y la no neutralidad de los medios privados, lo que no excluye a las campañas electorales:"1. Los prestadores del servicio de comunicación audiovisual tienen el derecho a fijar la dirección editorial mediante la selección de los contenidos y la determinación de los horarios. 2. Los prestadores del servicio de comunicación audiovisual tienen el derecho a organizar sus contenidos a través de un canal o un catálogo de programas". También el artículo 22 incide en la libertad de ideas y el derecho a la libertad de empresa.

Tal vez, lo más negativo de la reforma de la Ley Electoral es que reduce el derecho constitucional a la información veraz de los ciudadanos a recibir propaganda en bloques electorales diseñados por los diversos grupos políticos, imposibilitando al mismo tiempo, el ejercicio libre del periodismo. La Junta Electoral Central, con competencias que le desbordan y que deberían haber sido atribuidas -como ocurre en Francia- al Consejo Audiovisual todavía sin elegir, debería velar para que, al menos, los periodistas desde su compromiso deontológico puedan participar en la elaboración libre y veraz de contenidos informativos, tarea casi heroica en una campaña electoral marcada por las imposiciones y la confusión entre lo público y lo privado.

Fuente:

CONFERENCIA: LA FUENTE GRIEGA. EL CAMINO DE LOS GRIEGOS

LA FUENTE GRIEGA. EL CAMINO DE LOS GRIEGOS


Carlos García Gaul

Los griegos son el inicio de toda nuestra generación y de toda la civilización occidental. Inauguran la teoría política y la práctica democrática, aunque deben mucho a otras civilizaciones orientales como la mesopotámica o la fenicia. Tienen como ideal que el hombre es la medida de todas las cosas, el hombre es un sujeto activo que busca el orden de la comunidad. Transforman el mundo en un cosmos, un orden basado en la justicia y la ley que aportaba al hombre la libertad. Los ideales de vida griegos son que la mejor vida es la reflexiva y aquella que permite conocerse a sí mismo. Conciben al ser humano como un animal ciudadano o político o como un animal con capacidad comunicativa, lo que le hace capaz de buscar la verdad y llegar a acuerdos.
La civilización griega y su política se basan en tres conceptos:
-          POLIS (ciudad): Es el lugar donde surge la comunicación y nacen los acuerdos, lugar con leyes propias para mantener el orden. En Atenas se practica la isegoría, cuyos valores supremos son:
·        Igualdad ante la ley
·        Igualdad de palabra: cualquier ciudadano (hombres) puede hablar en la Asamblea
En la Grecia Antigua todo tenía aspecto político, en la actualidad la política está sólo en el Parlamento.

-          LOGOS (palabra/razón): la civilización debe basarse en el dialogo que lleva a la razón. La dialéctica, desarrollada por los griegos, apela a la razón como juez de toda actuación. La palabra y la comunicación forman la comunidad basada en acuerdos. El logos surge de los mitos, aunque más tarde evoluciona y se hace contrario a él, se enfrenta con él.
·        Los mitos es aquello que cuenta la gente, son narraciones fantásticas, se basan en la creencia y la fe, pues no son comprobables.
·        El logos es un discurso, diálogo, una palabra lógica, es una referencia a la realidad y es comprobable mediante la palabra o experimentos.

-          PAIDEIA (educación): Su ideal de educación es que TODOS desarrollen TODAS sus habilidades para alcanzar el mayor grado de humanidad. Le otorgan mayor relevancia a la educación atlética y la intelectual.
Atenas adopta estos ideales, todos los atenienses aspiran al SABER y a la BELLEZA (no sólo estética, sino también ética, pues BELLO=BUENO, buscan la belleza incluso en los pequeños detalles.

Fuente de la conferencia:

DISCURSO SOBRE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA CON LA DE LOS MODERNOS

DISCURSO SOBRE LA LIBERTAD DE LOS ANTIGUOS COMPARADA CON LA DE LOS MODERNOS

Benjamin Constant

El discurso compara lo que los antiguos entendían por libertad y lo que entienden los modernos. Se puede destacar un fragmento que sintetiza perfectamente la idea que el discurso desarrolla:

La finalidad de los antiguos era compartir el poder social entre todos los ciudadanos de una misma patria. Estaba ahí lo que ellos llamaban libertad. La finalidad de los modernos es la seguridad de los goces privados; y ellos llamaban libertad a las garantías acordadas a esos goces por las instituciones

Para los antiguos la libertad se basaba en la capacidad de actuar en la esfera pública y en los asuntos públicos, en definitiva, en la capacidad de decidir y de ejercer el poder; y luchan porque todos aquellos considerados ciudadanos tengan estas capacidades. Para los modernos la libertad se basa en los goces individuales y las garantías que el Estado proporciona para asegurar dichos goces, no se interesan por la esfera pública y el poder que en ella pueden ejercer.